El insólito pueblo que está separado del resto de los Estados Unidos y se salvó del coronavirus, pero quedó aislado

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Forma parte del condado de Whatcom, en el estado de Washington, extremo noroccidental de los Estados Unidos. Pero lo separan del resto del país 15 kilómetros de agua, a través del estrecho de Georgia. Si fuera una isla no tendría nada de particular, pero es la punta de la península Tsawwassen, ubicada en el sudoeste de Canadá.

No hay en el mundo muchos casos como Point Roberts. Si alguno de sus 1.300 habitantes quiere salir de ese territorio de 12 kilómetros cuadrados para visitar otra parte del condado o del estado tiene que cruzar dos puestos fronterizos: uno para entrar a Canadá y otro para reingresar a los Estados Unidos, a unos 40 kilómetros de distancia por carretera. Como no hay un servicio de ferry, las únicas alternativas son contratar una lancha o una avioneta privadas, algo demasiado costoso para la mayoría de los vecinos de Point Bob, como le dicen ellos.

Vancouver, la tercera ciudad canadiense, está a la misma distancia que la frontera estadounidense, pero Seattle, la principal urbe de Washington, está a 220 kilómetros. Por eso, Point Roberts tiene un vínculo más fluido con Canadá que con el resto de los Estados Unidos. Así que el cierre de la frontera decretado el 21 de marzo para evitar la propagación del coronavirus tuvo un fuerte impacto en la vida de esta localidad. Por un lado, fue una suerte que le permitió no tener ni un solo contagio, a pesar de formar parte del país con más muertos e infectados del mundo. Por otro, fue una desgracia, que dejó a sus habitantes aislados y quebrados, ya que la economía local depende casi exclusivamente del flujo de canadienses que cruzan para hacer compras o descansar en sus casas de fin de semana.

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